Botas de lluvia suecas – Henning Mankell

botas-lluvia-suecasTítulo original: Svenska gumistövlar / traducción del sueco por Gemma Pecharromán
Edición: 1ª ed.
Publicación: Barcelona: Tusquets, 2016
Descripción física: 399 p.; 23 cm.
ISBN: 978-84-9066-320-2
CDU: 821.113-6-31″19″
Signatura: N MAN bot
Precio: 19,90 euros en Casa del Libro.
Una entrañable narración sobre las ganas de vivir, y de enamorarse, en el otoño de la vida.
Una noche de otoño, Fredrik Welin se despierta cuando un incendio arrasa su casa. A sus sesenta y nueve años, este solitario médico jubilado sale penosamente de entre las llamas, calzado con unas botas de lluvia (pero ambas pertenecen al pie izquierdo). Sólo quedan, a la mañana siguiente, unas ruinas malolientes: ha perdido su casa y todas sus pertenencias, y tiene que mudarse a un remolque, una caravana que pertenece a su hija. Cuando por el archipiélago se extiende el rumor de que él mismo ha provocado el fuego, la policía lo interroga, sin llegar a acusarlo. De pronto, Louise, la hija de Fredrik, viaja hasta la isla por motivos misteriosos.
Todos esos acontecimientos sumen en el desconcierto a Fredrik, que ese otoño ve cómo se acerca a la vejez, también a la muerte, y desea saldar todas sus cuentas con la vida. Sin embargo, al conocer a Lisa Modin, una periodista que trabaja para el diario local y que investiga el incendio, se despiertan en él sentimientos que llevaban mucho tiempo muertos. Cuando en Nochevieja decide celebrar una fiesta a la que invita a sus amigos, se desata un incendio en otra casa del archipiélago.

Hacía ya bastante tiempo de la última vez que había leído una novela de Henning Mankell, el famoso escritor de novela negra sueca, gracias al cual descubrí al comisario Wallander (aunque también descubrí después que había escrito otras cosas que no eran novela negra) y que por desgracia nos dejó hace ya casi cuatro años. En este caso, Botas de lluvia suecas se aleja un poco del género policiaco y nos cuenta una historia cuyo protagonista es Fredrik Welin, un médico que ya apareció por primera vez en una novela anterior, Zapatos italianos, de la que por cierto nunca llegué a escribir una reseña…

Quiero aclarar aquí que ambas novelas pueden leerse de manera totalmente independiente, aunque sí es cierto que en Botas de lluvia suecas vuelven a aparecer algunos de los personajes que ya protagonizaron la novela anterior; sin embargo esto no supone ningún problema, ya que en esta novela que os traigo hoy se hacen de vez en cuando referencias a estas personas, y eso resulta suficiente para no perderse con la trama. Aunque claro está, si a alguien le apetece leer los dos libros, siempre será mejor empezar por el anterior; en cualquier caso, en esta entrega han pasado ocho años con respecto a la anterior, Welin ya está jubilado y sigue viviendo en la casona familiar que heredó de sus abuelos, en un archipiélago del norte de Suecia en el que la vida es extremadamente dura, sobre todo en invierno.

Una madrugada, Fredrik se despierta de repente y se da cuenta de que su casa está ardiendo; como puede, consigue salir al exterior y una vez fuera no puede hacer otra cosa más que ver cómo las llamas consumen no sólo su vivienda sino su vida entera que, en forma de todo tipo de recuerdos y objetos, estaba dentro. Jansson, el cartero del archipiélago, colabora con otros vecinos para extinguir el incendio pero la casa queda calcinada literalmente hasta los cimientos. Mientras decide qué hará con su vida a partir de ese momento, Fredrik se aloja temporalmente en una caravana que conserva junto a la casa y que será su nueva vivienda. Pero por si el hecho de haberlo perdido todo fuera poco, la policía comienza a tener la teoría de que quizá ha sido el propio doctor el que ha provocado el incendio; será entonces cuando conocerá a la periodista Lisa Modin, con la que hará muy buenas migas. Y a esto se le suma la reaparición de la hija de Fredrik, Louise, que tiene un carácter de todo menos fácil y que le ocasionará unos cuantos quebraderos de cabeza a su padre.

Aunque se podría pensar que toda la historia gira en torno al incendio, en realidad, o al menos esa fue la impresión que me dio a mí al leer la novela, el autor lo toma como una mera excusa para darnos a conocer a los personajes y “estudiar” las relaciones entre ellos, y para relatarnos cómo es la forma de vida por aquellas latitudes; por otra parte, esto suele ser lo habitual en Menkell, que yo siempre digo que fue precisamente gracias a él como descubrí que tenía bastante idealizados a los suecos (bueno, a los escandinavos en general) y este autor me hizo ver que no todo es tan idílico como yo creía.

Así, tendremos por un lado la historia de Fredrik y su forma de sobreponerse a un imprevisto como el que le sucede, y por otro todo un compendio de reflexiones sobre la vida en general, sobre su sentido, sobre la pérdida, sobre el amor y sus etapas… Reconozco que para mí Mankell siempre estará asociado a la novela negra, porque aunque he leído prácticamente todas sus obras, lo descubrí a través del inspector Wallander y eso siempre estará ahí; y aunque escribió otro tipo de historias, las que más me han gustado de todas ellas han sido precisamente las del comisario de Ystad. Sin embargo, algo que creo que es común a todas las novelas de Mankell, y que aquí resulta quizá más patente aún, es su gran capacidad para describir a los personajes y sus relaciones entre ellos, a sus vivencias anteriores y sobre todo a sus motivaciones para comportarse de una u otra manera.

A modo de conclusión, creo que la frase-resumen que mejor le iría a este libro es algo como “nadie conoce a nadie”…

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