Siervos de la Guadaña – Víctor Morata

Para Eladio Jones, la vida ha perdido el gusto y apenas tiene nada por lo que merezca la pena levantarse cada mañana. Ha ido cavando su propia tumba desde hace años y lo ha perdido todo: su familia, sus amigos e incluso el respeto de sus compañeros de la comisaría de Corralas de San Juan. Nada cambia cuando aparece la grabación del asesinato que iniciará la cuenta atrás, pero lo hará a medida que una pista lo lleve a otra y las heridas, aún abiertas, comiencen a sangrar de nuevo arañando sus recuerdos.
El inspector Eladio Jones la ha cagado muchas veces. Es consciente de ello. Tanto como de su inevitable naturaleza, la que lo lleva a cometer esos errores una y otra vez. Puede que atrapar al asesino sea su única forma de redención y la guinda del pastel en la jubilación que todos desean para él.

Edición
: 1ª ed.
Publicación: autopublicado, 2021
Descripción física: 437 p.
ISBN: B09M5B11FY
CDU: 821.134.2-31″20″
Signatura: N MOR sie
Precio: 3,99 euros (formato electrónico) en Amazon.

Me topé con este libro por casualidad, ya que su autor, al que no conocía, se puso en contacto conmigo a través del blog para ofrecerme leerla; como la novela negra y policiaca me gusta bastante, la sinopsis que me pasó Víctor me llamó mucho la atención y por si eso fuera poco era una novela de un autor nuevo para mí, le confirmé que por supuesto la leería. Y como lo prometido es deuda y le dije que escribiría una reseña cuando la terminara, aquí os traigo mis impresiones, aunque ya os adelanto que han superado con creces mis expectativas, y de hecho la he leído prácticamente del tirón porque la historia te absorbe tanto que no la puedes dejar.

El claro protagonista de Siervos de la Guadaña (esa G mayúscula está puesta con todo el sentido del mundo, y al leer la novela lo entenderéis) es sin duda el inspector de policía Eladio Jones, un desastre con patas, a punto de jubilarse, y que tiene una vida de lo más caótica. Trabaja en la comisaría de la localidad ficticia de Corralas de San Juan, una labor que no entiende ni de días ni de horarios, y a ello se le suman los continuos despistes del inspector, su excesiva afición a la comida, que le hará pasar más de un mal rato, y el hecho de que la mayoría de sus compañeros de trabajo lo dan un poco de lado; al ir avanzando en la lectura sabremos que esto tiene algo que ver con un error garrafal que cometió Eladio unos años atrás, por culpa del cual perdió la vida su compañero de aquel entonces, Nicomedes. Nuestro comisario además está divorciado; cuando tienes hijos en común (en este caso se trata de Marina, la hija adolescente de Eladio y su exmujer Lola) es inevitable que tengas que seguir en contacto con tu expareja; pero claro, que Lola llame por teléfono y lo primero que oiga Eladio sea algo parecido a «¿Qué has hecho esta vez, hijo de puta?» no es que ayude demasiado a que su relación sea precisamente cordial.

Por si esto fuera poco, Lola decide mandar a Marina con su padre una temporada, y la cosa no puede empezar peor. Parece que todo el mundo estuviera en contra de nuestro inspector: Ginés, el anterior comisario, ya se ha jubilado y el que ha venido nuevo, Villalobos, tampoco es que le tenga mucha simpatía, al igual que Sempere y el resto de compañeros. Los únicos que parecen apreciarlo de verdad son Tolino, uno de los policías, siempre dispuesto a ayudarlo, y Carolo, el forense, que con el paso de los años ha acabado siendo un buen amigo de Eladio.

La historia comenzará cuando varias cámaras de seguridad graban lo que parecen ser asesinatos… Y digo parecen porque en realidad los policías, al revisar las grabaciones, observan que las víctimas son conscientes de que van a morir, pero sorprendentemente están tranquilas y en ningún momento intentan huir de su presunto asesino, alguien que parece llevar una gabardina negra bajo la cual se les muestra algo que a través de las cámaras no alcanzamos a ver. Eladio y su siempre fiel Tolino tendrán que empezar a investigar estas misteriosas muertes que parecen obra de un asesino en serie, tendrán que atar cabos cuidadosamente y, sobre todo, tendrán que ir con mucho ojo, porque Sempere parece estar haciendo la guerra por su cuenta e incluso ocultando algo… Nuestros dos policías acabarán dando con el sospechoso de la gabardina, pero se llevarán una sorpresa mayúscula cuando averigüen de quién se trata.

Mientras tanto, se irán sucediendo más asesinatos, irán apareciendo más grabaciones, y Eladio comenzará a tener tantos cabos sueltos que no sabrá muy bien por dónde tirar; y es que ni sus demás compañeros colaboran con él, más bien al contrario, parece que disfrutarían viendo a nuestro comisario fracasar de nuevo; de hecho el actual comisario no le quita ojo. Y para remate, Marina empezará a frecuentar malas compañías y a darle a Eladio unos cuantos quebraderos de cabeza, lo que a su vez provocará que Lola se pase media novela poniendo a su exmarido a caer de un burro. ¿Conseguirán nuestros policías averiguar quién es el autor de los misteriosos asesinatos? Tendréis que leer la novela para saberlo.

Aparte de que no es muy larga, algo menos de 500 páginas, la novela se lee bastante rápido; los capítulos son cortos y en cuanto te descuides estarás tan inmerso en la historia que te resultará difícil soltar el libro. Víctor utiliza un lenguaje muy natural, muy creíble, lo que sin duda consigue que nos identifiquemos no sólo con la historia en sí, sino también con los personajes, o que al menos nos resulten reales; los diálogos resultan muy ágiles y, como no podía ser de otra manera, están plagados de lenguaje malsonante prácticamente en cada página. No me suele gustar ese tipo de lenguaje cuando no viene a cuento, pero en este caso cada palabra está perfectamente elegida, y cuando alguien suelta un taco es porque tiene que soltarlo, sin más. Me ha recordado un poco a las novelas de David Jiménez que leí hace algún tiempo, también relacionadas con un inspector, y cuyo autor casualmente es también nacido en la provincia de Murcia.

Confieso que en algunos momentos, precisamente por estos diálogos que a veces son casi surrealistas, no he tenido más remedio que reírme por la forma en que los personajes se dirigen unos a otros, o simplemente por lo cómico de la situación; aunque por supuesto también hay situaciones de lo más dramático, e incluso hacia el final de la historia nos iremos dando cuenta de que en los asesinatos hay algo que podríamos llamar sobrenatural. No quiero desvelar nada, así que sólo os cuento un detalle: me llevé la novela para leerla durante las vacaciones, y dio la casualidad de que uno de los sitios en los que nos alojamos era una villa preciosa, construida en 1904; ya sabéis cómo son estas casas antiguas, con suelos de madera y tiros de chimenea que hacen ruido cuando menos te lo esperas… Pues Víctor consiguió que me metiera tan de lleno en la historia, que cuando me ponía a leer en la cama por las noches, no podía evitar pensar que el asesino de la gabardina estuviera rondando por aquella casa.

Además de un final totalmente inesperado que me dejó descolocada y con la boca abierta (alguna que otra cosa la empecé a sospechar, pero ese final me pilló por sorpresa), me ha parecido muy original la sorpresa que incluye la imagen que aparece en la cubierta del libro; no sé si en alguna reseña que haya por internet alguien lo habrá desvelado ya, pero por si acaso, os lo dejo como deberes a quienes tengáis interés en leer la novela. El misterio de la imagen de cubierta lo encontraréis en los agradecimientos finales. Y con esto sólo me queda añadir que Víctor y «sus siervos» han supuesto para mí todo un descubrimiento; así que si aún no habéis leído la novela, ni os lo penséis. Seguro que también os acaba cayendo genial el inspector Jones.


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